En mis últimas creaciones he trabajado en un concepto coreográfico que llamo cuerpo último, inspirado por la lectura de la espirita anarquista granadina Agustina González, y que me ha llevado a indagar en artistas como Josefa Tolrá, Hilma Af Klimt, Remedios Vario o Tórtola Valencia, entre otras muchas, que se exponen en sus creaciones a flujos invisibles.
Como en sus prácticas, la danza del cuerpo último está atravesada por información de otros cuerpos, fuerzas, tiempos, y cuando baila, el cuerpo último es solo un canal y su máxima habilidad es la de la disolución.
Concebir el arte como un acto mediúmnico no solo atenta contra la idea de autoría y del genio tradicional, sino también cuestiona la idea de tiempo y espacio convencionales.
Desconfiar de lo que habitualmente llamamos realidad, ampliarla, liberarla, me resulta un motor muy poderoso para bailar y me empuja a pensar que la fugacidad es sólo una síntesis perfecta y tal vez insoportable de la eternidad.


