Aunque la Gran Recesión y la pandemia quedan ya lejos, el estado de las economías domésticas en las sociedades occidentales continúa siendo motivo de preocupación para el ciudadano democrático: se habla de una «crisis de asequibilidad» que complica la vida de la clase media y en especial de los jóvenes, discutimos acerca de los efectos económicos de la inmigración masiva y contenemos la respiración ante la guerra arancelaria que Donald Trump libra contra el mundo. Y las bolsas crecen, aunque la deuda global siga creciendo y la productividad no mejore; por su parte, el cambio tecnológico formula una promesa de cambio que, como pasa con la Inteligencia Artificial, suscita a un tiempo temores y esperanzas. En España, el crecimiento del PIB convive con el descontento social. Dado que la legitimidad de las democracias también descansa sobre su capacidad para generar prosperidad y distribuirla de manera justa, pues, conviene hablar de la economía de nuestro tiempo y de sus implicaciones políticas.
Economía y democracia en la era populista. Encuentro con Francisco Rodríguez Fernández
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