Diríase que una obra central del canon como esta no requiere presentación, y más teniendo en cuenta la cantidad de adaptaciones cinematográficas, teatrales o al cómic que ha tenido, formando parte del suelo de la cultura popular. Pero King Lear es una obra proteica que, leída en diferentes épocas de la vida, significa cosas distintas o despierta en quien la lee reacciones diferentes. Por ese motivo, conviene volver a ella cada pocas décadas.

