Vivimos rodeados de información, pero somos especialmente vulnerables a la manipulación, las falsas noticias, los sesgos cognitivos o los dogmatismos ideológicos. Nuestra inteligencia falla de forma previsible no por falta de capacidad, sino por un diseño evolutivo imperfecto que ha dejado desajustes entre emoción y razón. A partir de esta idea, José Antonio Marina nos presenta la necesidad de un sistema inmunitario mental que nos proteja de los “patógenos” que influyen en lo que creemos, pensamos, decidimos y votamos. Frente a una sociedad hipertecnificada pero crédula contraprone cuatro grandes antídotos: el pensamiento crítico, la educación emocional, la responsabilidad ética y la búsqueda compartida de la verdad. Pensar bien y actuar bien no es un ideal ingenuo, sino la forma más alta de inteligencia y la mejor defensa de una convivencia libre.


