El carmen IV de Catulo puede interpretarse —y así lo ha sido— con un supuesto mosaico o un objeto votivo que describe, como si fuera una écfrasis y en el que el hablante se desdobla en diversos personajes que hablan: el del griego, que se expresa en latín como un cicerone de la época, y el del barquito, que enumera su cursus honorum y las proezas de su navegación desde sus orígenes hasta llegar al dique seco en el que se encuentra. El sistema referencial y la serie de alusiones mitológicas y geográficas, así como los términos náuticos empleados permiten una interpretación menos inocente en la que las correspondencias entre lo real y lo imaginario se basan en un lenguaje equívoco y de sentido y significación dual.


